domingo, 19 de agosto de 2012


¿QUÉ ES LA LITERATURA?

La palabra Literatura proviene del latín litterae que significa letras,  por  lo cual “etimológicamente significa todo cuanto a las letras se refiere, lo mismo una carta familiar que un poema épico. Literatura es entonces, propiamente el arte que realiza la belleza por medio de la palabra hablada o escrita” (Montes de Oca, 1997: 10), es por eso que por Literatura debemos entender el arte cuya manifestación está en las  palabras aun cuando no se hayan escrito sino propagado de boca en boca, esta aclaración permite considerar como literatura a todas aquellas obras anteriores a la invención de la escritura, y sobre todo, a las obras que solo se han transmitido de forma oral.
.
La singularidad de la literatura en comparación con otras manifestaciones del arte como la escultura, la pintura, la música, la danza o el teatro, es que su materia prima son las palabras y a partir de ellas los literatos logran crear mundos diversos. Hay que aclarar que con cualquier forma de arte se pueden crear mundos diversos ya que el arte es una forma de lenguaje.
.
El término literatura se aplica también al conjunto de obras escritas en un lugar determinado, así tenemos literatura griega, mexicana, catalana, etc. También se aplica al conjunto de obras escritas en un determinado tiempo o época, así tenemos literatura antigua, medieval, contemporánea, etc. Y se aplica también al conjunto de obras escritas en un mismo estilo o movimiento, así tenemos literatura romántica, surrealista, creacionista, etc. Es así que toda obra literaria pertenece a un contexto específico que es histórico, cultural, político, económico, social, psicológico, antropológico, etc., y esto hace que exista una relación entre la obra literaria y en el entorno en que fue creada.
.



LA LITERATURA Y LAS ARTES




LOS GÉNEROS LITERARIOS
.
Según la forma en que fueron creadas, las obras literarias se dividen en géneros, de tal forma que los géneros literarios resultan ser técnicas expositivas singulares, ligadas a ciertas razones de forma y contenido, la primera gran clasificación de los géneros literarios se reduce a tres: épico, lírico y dramático. Los géneros, sin embargo, se van conformando históricamente y por lo tanto resulta difícil fijar límites rígidos entre lo propiamente narrativo o épico-narrativo, lo lírico o poético y lo dramático o teatral, por eso dentro de cada género surgen sub-géneros o géneros menores.
.
Dentro del género épico se encuentran la epopeya, la leyenda, la fábula, el poema histórico como los cantares de gestas y el corrido, entre otros. En esta clasificación también podemos encontrar al cuento y la novela.  Dentro del género dramático se encuentran la tragedia, la comedia, la farsa, el sainete, la zarzuela, el entremés, entre otros. Dentro del género lírico se encuentran la poesía, la oda, el himno, la elegía, la endecha, la canción, el madrigal, la copla y la letrilla, entre otros.
.





EL GÉNERO ÉPICO
.
Este género se caracteriza por la majestuosidad de su tono y su estilo. Relata sucesos legendarios o históricos de importancia nacional o universal. Por lo general se centra en un individuo, lo que confiere unidad a la composición. A menudo introduce la presencia de fuerzas sobrenaturales que configuran la acción, y son frecuentes en ella las descripciones de batallas y otras modalidades de combate físico.
.
Los más antiguos exponentes de este género son la Iliada y la Odisea del poeta griego Homero. También dentro de este género están la Divina Comedia (1307-1321) de Dante Alighieri, que refleja la fe de la Cristiandad durante la edad media, y La Araucana (1589) del poeta español Alonso de Ercilla y Zúñiga, que relata una parte de la conquista de América y el heroísmo de los indígenas mapuches.
.
Ilíada.
Canto I.
La cólera, canta, diosa, del Pélida Aquileo,
funesta, que minadas de dolores causó a los aqueos
y al Hades echó antes de tiempo muchas almas valientes
de héroes, y a ellos mismos presas los volvió para perros
y aves rapaces todas. El designio de Zeus se cumplía
desde que primero se apartaron, habiendo altercado,
el Átrida señor de hombres y el divino Aquileo.
¿Quién de los dioses puso a ambos a combatir altercando?
El hijo de Leto y de Zeus, pues airado en contra del rey,
mala peste por entre el real excitó, y los pueblos morían
porque al Crises aquél, al orante, no honrara
el Átrida; él, pues, de los aqueos vino a las rápidas naves
a redimir a su hija, trayendo infinitos rescates
y en las manos teniendo las ínfulas del hierelejos Apolo
sobre el áureo cetro, y a los aqueos todos rogaba
y más a los dos Átridas, ordenadores de pueblos:
“Átridas, y también los otros biengrebados aqueos:
os den los dioses que moradas olímpicas tienen,
destruir la ciudad de Príamo y arribar bien a casa;
pero soltadme a mi hija y aceptad los rescates,
reverenciando al hijo de Zeus, al hierelejos Apolo.”
Allí murmurando aprobaban todos los otros aqueos:
se oiga al sacerdote y los esplendentes rescates se acepten;
pero al Átrida Agamenón no le plugo en el alma,
pero mal lo despidió, y añadió encima fuerte discurso:
“Que yo no te encuentre, viejo, cerca de las cóncavas naves,
sea ahora, tardándote; sea después de nuevo viniendo;
no te aprovecharían el cetro del dios y su ínfula;
yo no la soltaré antes que la vejez le llegare
en nuestra casa, en Argos, lejana a su patria,
al telar arrimándose y mi lecho compartiendo;
pero vete, no me irrites, para que a salvo puedas volverte.”
Así habló; y el viejo temió, y obedeció su discurso;
y se fue tácito del multiestruendoso mar por la orilla;
y mucho entonces, yéndose lejos, el anciano le oró
a Apolo el señor, a quien parió Leto de hermosos cabellos:
“Escucha de mí, oh El del Arco de Plata, el que a Crisa has cuidado
y a Cila divina, y fuertemente señoreas a Ténedos.
Esminteo: si alguna vez te erigí un templo agraciado,
o si alguna vez he quemado para ti pingües muslos
de toros o de cabras, cúmpleme este deseo:
puedan los dánaos por mis lágrimas pagar con tus dardos.”
Así habló suplicando, y escuchó de él Febo Apolo,
e indignado el corazón, de las cimas bajó del Olimpo,
los arcos en sus hombros teniendo y bien cubierta la aljaba;
y a hombros del indignado allí estridor hicieron las flechas
al moverse él mismo, y él iba similar a la noche;
se sentó entonces lejos de las naves, y un dardo lanzó,
y horrible fue el estridor de la argéntea cuerda del arco.
fue sobre las mulas primero y los perros veloces;
pero entonces, la amarga saeta hacia ellos mismos enviando,
los golpeó; y siempre piras de cadáveres ardían frecuentes.
Nueve días los dardos del dios fueron a través del real,
y el décimo, al ágora convocó al pueblo Aquileo;
lo puso en sus mentes la diosa de brazos cándidos Hera,
pues cuidaba de los dánaos porque así los veía muriendo;
y cuando así ellos fueron reunidos y juntos formados,
entre ellos, alzándose, habló el raudo de pies Aquileo:
“Átrida: ahora pienso que, yendo atrás errantes, nosotros
Habremos de regresar, si por fin a la muerte escapáramos,
si no doman a los aqueos juntas la guerra y la peste.
Pero, ea; a algún adivino consultemos, o algún sacerdote
o a un intérprete de sueños, pues también de Zeus viene el sueño,
que dirá por qué tanto se airó Febo Apolo;
si en verdad él de un voto se queja, si de una hecatombe;
si acaso, el olor de carneros y cabras perfectas
habiendo hallado, la ruina quisiera apartar de nosotros.”
En diciendo él así en verdad, se sentó; y se alzó frente a ellos
Calcas Testórida, con mucho de los augures el óptimo,
quien conociera lo que es y lo que va a ser, y fue antes,
y, contra Ilión, a las naves de los aqueos dio el rumbo
mediante su arte de adivinación que le dio Febo Apolo;
él, pensando bien, los arengó y dijo entre ellos:
“Oh Aquileo, me mandas, caro a Zeus, que declare
la cólera de Apolo, el señor Hierelejos;
por tanto, yo hablaré; pero tú bien escúchame, y jura
que, en verdad, de grado me asistirás con palabras y manos;
pues pienso, en verdad: que ha de airarse un hombre que mucho entre todos
los argivos es fuerte, y a quien dan su fe los aqueos;
pues más potente es un rey al airarse contra un hombre bajo;
pues aunque su ira incluso el mismo día digiriera,
empero aun después tiene el rencor, hasta haberlo cumplido,
en su pecho. Pero medita si habrás de salvarme.”
Respondiendo, le dijo el raudo de pies Aquileo:
Confiado, dí el designio del dios, cualquier cosa que sepas;
por Apolo caro a Zeus, orando al cual, Calcas,
tu revelas los designios del dios a los dánaos,
viviendo yo y abriendo sobre la tierra los ojos,
las pesadas manos, cerca de las huecas naves, ninguno
de todos los dánaos pondrá en ti, ni aun si a Agamenón mencionaras,
el que hoy mucho se jacta de ser de los aqueos el óptimo.”
Y allí tomó confianza y habló el adivino intachable:
“No, en verdad, él de un voto se queja ni de una hecatombe,
sino a causa del sacerdote, a quien no honró Agamenón,
no soltó a su hija y no recibió los rescates;
por tal dolores dio el Hierelejos, y aun ha de darlos,
y él no retirará a los dánaos la peste deforme,
antes que den al caro padre la joven ojiluciente
sin precio, sin rescate, y lleven una sagrada hecatombe
a Crisa; habiéndolo así aplacado, podrán persuadirlo.
 
Fuente: Homero, La Ilíada, Versión de Rubén Bonifaz Nuño, México, UNAM, 2011, pp.: 1-4
EL GÉNERO LÍRICO
.
En la literatura lírica, el autor expresa un sentimiento intenso o una profunda reflexión, generalmente en forma de poesía. En la antigua Grecia se cantaba o recitaba con el acompañamiento de la lira, por eso su nombre de género lírico. Las formas líricas populares en la época clásica eran las elegías y las odas. Entre los poetas líricos de la antigua Grecia figuran Safo, Alceo y Píndaro; entre los romanos, Horacio, Ovidio y Catulo.
.
En el siglo XIX, sobresalen los poetas Charles Baudelaire, Paul Verlaine, Arthur Rimbaud,  Stéphane Mallarmé y Walt Whitman, quienes lograron influir de manera profunda en buena parte de la lírica moderna de diferentes poetas como Federico García Lorca, Fernando Pessoa y Pablo Neruda, entre otros.
.
Es por eso que el género lírico, al cual pertenecen las obras normalmente en verso que expresan sentimientos del autor, se propone suscitar en el oyente o lector sentimientos similares.
.
    POEMA 20
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
.
Escribir, por ejemplo: La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos.
.
El viento de la noche gira en el cielo y canta.
.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.
.
En las noches como ésta la tuve entre mis brazos.
¡La besé tantas veces bajo el cielo infinito!
.
Ella me quiso, o veces yo también la quería.
¡Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos!
.
Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.
.
Oír la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.
.
Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche está estrellada y ella no está conmigo.
.
Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.
.
Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.
.
La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.
.
Ya no la quiero. es cierto, pero cuánto la quise!
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.
.
De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.
.
Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.
.
Porque en noches como ésta, la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.
.
Aunque éste sea el último dolor que ella me causa
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.
.
.
Fuente: Neruda, Pablo, 20 poemas de amor y una canción desesperada, México, Editores Mexicanos Unidos,  1980, pp.: 113-115
 
EL GÉNERO DRAMÁTICO
.
El género dramático, es el que es concebido para ser representado, pues el término drama viene de la palabra griega que significa “hacer”, y por esa razón se asocia normalmente a la idea de acción. En términos generales se entiende por drama una historia que narra los acontecimientos vitales de una serie de personajes. Como el adjetivo dramático indica, las ideas de conflicto, tensión, contraste y emoción se asocian con drama.  Así por ejemplo, cuando los personajes son enfrentados a un problema en el que no se encuentra solución, o cuando el conflicto es provocado por un destino ineludible o por la pasión desenfrenada que conduce a la destrucción física o moral del personaje, la obra recibe el nombre de tragedia.
.
Las cuatro formas teatrales del drama griego eran la tragedia, el drama satírico, la comedia y el mimo. Mientras que las dos primeras estaban pensadas acordes con un espectador adulto, las dos últimas eran consideradas más apropiadas para un público infantil.
.

PROMETEO ENCADENADO
FUERZA—Hemos llegado al confín del mundo, región de los escitas, páramo inhóspito. ¡Ea, Efesto, a poner en obra los mandatos del padre! ¡Atar cosido con diamantinos garfios a los peñascos broncos a este levantisco! ¡Como que hurtó lo que es tuyo: tu flor de riqueza, el fuego, engendrador de todo arte.., para darlo a los mortales! Pague esa culpa a los dioses: aprenda a someterse al dominio de Zeus y a no andar con intentos de amor a los hombres.
EFESTO—Fuerza, Poder: el mandato de Zeus está cumplido por vuestra parte: ya nada os detiene... Pero ¿yo? ¿Encadenar a estas rocas que la tormenta azota sin cesar, a un dios? ¿A uno de mi propia sangre? ¡Me siento incapaz...! Pero... tengo que hallar osadía… tengo que cumplir con el mandato del padre. ¡A qué me expusiera de no hacerlo!
Se dirige al semidiós:
Hijo de la omnisapiente Temis, pleno de altos pensamientos..., me pesa a mí; a tí también te pesa…, pero tengo que aprisionaste a la roca con doble vínculo, aquí en este risco solitario, lejano de todo mortal. No verás faz, no oirás voz de seres humanos..., pero, expuesto a la tremenda llama del sol, verás ennegrecerse la florida belleza de tu cuerpo. Vendrá después la noche de ropa constelada de luceros. La desearás tú. Y otra vez: el sol secará en ti las gotas del rocío nocturno..., pero, siempre el mal que te abruma hoy seguirá pesando sobre ti…, ¡no nace aún quien haya de librarte! ¿Ves qué has logrado de tu manía de favorecer a los hombres? Eres un dios y no tuviste a mengua desafiar la cólera de los dioses: traspasaste la norma de justicia para dar beneficio a los mortales... Esta es tu recompensa: erguido en esta roca, sin probar el sueño, sin alivio, sin descanso alguno, sin doblar las rodillas…, estarás dando alaridos, te quejarás de continuo..., ¡inútilmente! Inexorables son las entrañas de Zeus..., y un amo nuevo es duro siempre.
FUERZA—Vaya! ¿A qué esos lamentos? ¿A qué esos gemidos vanos? ¿Eres capaz de no tener aborrecimiento al más odioso de los dioses que tuvo la osadía de entregar a los mortales tu propio atributo?
EFESTO—¡Qué poder tiene en uno la misma sangre y el trato amistoso!
FUERZA—De acuerdo..., ¿es posible no acatar las órdenes del padre? ¿Qué, entonces? ¿No temes más esto?
EFESTO—¡Tú siempre sin compasión, siempre llena de audacia!
FUERZA—¿Vas a curarlo acaso, con lamentarte por él?... Entonces, no pierdas tiempo en una vanidad que no aprovecha.
EFESTO—¡Oh detestable habilidad de mis manos!
FUERZA—¿Detestable por qué? En dos palabras: ¿tiene tu oficio culpa en los presentes males?
EFESTO—¡Oh, que tocara a otro el hacerlo y no a mí!
FUERZA—Todo deber es duro..., menos regir como dios... ¡Nadie hay que sea libre, si no es el mismo Zeus!
EFESTO—Lo sé... Nada tengo que oponer a esto.
FUERZA—Ea pues..., dale vueltas a la cadena en torno suyo... ¿qué, si te viera el padre remiso y sin acción?
EFESTO—Ya están las esposas... bien pueden verse.
FUERZA—¡Ponlas de la mano en torno; martíllalas con fuerza; clávalas en la roca...!
EFESTO—Hecho, y qué bien, este trabajo!
FUERZA—Dale más fuerte, remacha, que jamás se aflojen..., ¡Es muy capaz él de hallar escapatoria, aun en lo muy bien tramado!
EFESTO—¡Preso quedó el brazo..., sin soltura posible!
FUERZA—Ahora el otro. Aférralo insoltable..., que sepa, aunque es tan astuto, que es Zeus más ardidoso que él!
EFESTO—¡Fuera de él, ninguno puede justamente echarme en cara mi obra!
FUERZA—¡Este durísimo clavo de indomable acero clávale ahora en el pecho, y dale robustamente...!
EFESTO—¡Ay, Prometeo... gimo por tus angustias...!
FUERZA—¿Aún andas con lamentos ante los enemigos de Zeus? ¿Aún vacilas?... ¡Cuidado… no vaya a ser que un día des gemidos por ti mismo!
EFESTO—Miras algo que visto causa dolor a los ojos.
FUERZA—¡Lo veo: sufre lo que merece! Ciñe ahora sus costados con estas cadenas.
EFESTO—¡Hacerlo es necesario. . ., ya no me importunes!
FUERZA—Te mandaré, te urgiré aún y lo he de decir a gritos... Abajo ahora... Fuerza..., apriétale las piernas con esos anillos!
EFESTO—¡Hecho está, y no en tan largo tiempo!
FUERZA—Afianza bien los clavos en los grillos, con toda fuerza... Piensa que no admite excusas el que juzga de la obra.
EFESTO—Como es tu cara, tal es tu palabra.
FUERZA—¡Sí, afemínate cuanto quieras. . . mas no me eches en cara mis rigores y la fiereza de mi alma!
EFESTO—¡Vámonos... bien atado a la roca queda su cuerpo!
FUERZA—... ¡Ahora, atrevido y altanero… muestra tu poder dando a los mortales cuya vida dura un día los antiguos dones de los dioses…! ¿Qué pueden hacer los mortales para aligerar tus torturas? ¡Cuán engañosamente te dieron los dioses el nombre de Prometeo: el que prevé las cosas...! ¡Ahora sí que necesitas un Prometeo que prevea en qué modo has de liberarte de esas ligaduras!
PROMETEO—¡Eter divino, fugaces vientos alados, manantiales alados, manantiales de los ríos, innumerables sonrisas de las olas del mar, y tú, tierra, universal madre; sol, ojo que todo lo mira.., a vosotros clamo... ved yo, dios, yo mismo lo que estoy padeciendo por obra de los dioses! ¡Ved qué tormentos habré de soportar desgarrado por milenios y milenios! ¡ Esta es la cadena que para mí halló el nuevo capataz de los dichosos! ¡Ay, ay de mí lamento el mal que hoy sufro, el que habré de sufrir en lo futuro! ¿Ha de llegar de mis males el término? Mas… ¿qué digo? ¡Yo preveo el futuro íntegro: nada puede acaecerme que no tenga preconocido! Preciso es soportar con entereza la parte de dolor que nos fijó el destino y tener muy sabido no es posible hacer frente al poder incontrastable del hado. A pesar de ello, me es imposible callar, y me es imposible hablar de lo que sufro…
Sometido estoy a la violencia presente por haber concedido favor a los hombres. En una débil caña puse la semilla del fuego que robé... esa que es la maestra de las artes todas para el mortal, su más precioso instrumento... ¡Este es el castigo por tal delito, cosido con cadenas al peñasco y expuesto al libre viento!
—Ah... oh! ¿Qué rumor, qué aroma invisible viene volando a mí? ¿Es de un dios, es de un hombre, de un semidios quizás? Viene a esta inaccesible y remota roca, confín del mundo, a ver mis infortunios? ¿Qué quiere? ¡Ver a un dios desdichado cargado de cadenas… al enemigo de Zeus, que ha conquistado para sí el aborrecimiento de los dioses que lo lisonjean en su palacio, por su excesivo amor a los hombres!
¡Ah...! ¿Otra vez? ¡Percibo un estremecerse de alas de aves.. . el aire tremula al agitarse leve de alas... Todo cuanto se me acerque me es temible!
.
.
Fuente: Esquilo, Las siete tragedias, Versión de Ángel Ma. Garibay K., México, Editorial Porrúa, 1991,  1980, pp.: 71-73